Hace mucho tiempo, en el patio de una casa, un granito de habichuela rojo dejó salir una lágrima de dolor. Se sentía menospreciado por los granitos de habichuelas blancas con los que había estado. La lágrima que salió de sus ojos se llamaba Autoestima, quien muy apenada por lo que estaba sintiendo su dueño, se apresuró a mojar la tierra donde éste se encontraba tirado. Asi facilitaría el necesario encuentro con sus raíces, su Madre Tierra.
Aprovechando un descuido de Frijolito, Autoestima volvió a entrar a los ojos del granito al que pertenecía. Aunque en muchas ocasiones él estuvo a punto de mandarla a salir, bajo una explosión de llanto, ella se aferraba a él, negándose a abandonarlo, como hacían frecuentemente las lágrimas conocidas como Seguridad, quienes salían disparadas por los ojos de sus dueños ante la más mínima provocación.
Como Autoestima quería de verdad a Frijolito y le importaba mucho su felicidad, convenció a Seguridad, su lágrima amiga, de que no abandonara a su dueño cuando él estuviera triste y quisiera llorar. Le imploró que mejor se mudara con ella a su corazón y le hicieran compañía todo el tiempo, dejándole sentir que lo querían como era, con sus debilidades y fortalezas.
Seguridad estuvo en total acuerdo con Autoestima, ambas se alejaron de los ojos del granito y se entraron bien profundo, llegando a su corazón. Ahí instalaron su casa. Encendieron la fogata del amor. Le comenzaron a dar mucho afecto y así Frijolito comenzó a sentirse amado, único y especial.
Moraleja: Si en paz contigo mismo quieres estar, la compañía de Autoestima y Seguridad no te pueden nunca faltar.
Nota:
Esta fábula surge del cuento “Frijolito, orgulloso de ser diferente” del libro de cuentos infantiles: “Seis gotitas de imaginación”, de la autoría de María Cristina Espinal López.
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