Doña Luna me cantaba,
y dormida me quedé,
las estrellas me velaban
tomando tazas de té.
Yo estaba muy dormidita,
hasta que oí mi amigo gallo cantar,
quien gritaba, muy, muy fuerte:
«ki, ki, ri, kí, ya te debes levantar».
El Sr. Sol me esperaba
con sonriente saludar,
bañando todo de luz
con su radiante mirar.
Entró, el muy indiscreto
y me dio un tierno beso,
diciéndome en secreto:
«que este sea un día feliz, yo te deseo».
Así me levanté optimista,
a enfrentar mi realidad,
dándole mil gracias a Dios
por esta nueva oportunidad.
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