La experiencia que he tenido con niños me permite afirmar que los textos, si son bien seleccionados y bien presentados, pueden llegar a constituirse ante nuestros pequeños en una apetecida miel y, ellos, a su vez, sentirse como abejas que revolotean alrededor del más exquisito manjar.
Si proponemos a nuestros pequeños lecturas bien elegidas, garantizaremos con esto que consuman contenido de calidad y variedad, y que entren en contacto con diversidad de formas textuales. De esta manera les estaremos presentado el anzuelo perfecto para mantenerles interesados, logrando que se conviertan en lectores voraces y escritores aprendices de la misma tipología textual que consumen.
Tomando en cuenta que la primera infancia constituye la zapata del desarrollo del ser humano, no solo en el terreno afectivo, sino también en lo cognitivo, no podemos desaprovecharla. Debemos saber sembrar en este estadio de vida lo que queremos ver germinar en nuestros pequeños más adelante. Si fortalecemos la base cognitiva y afectiva que representa esta etapa con una mezcla compacta y oportuna entre cuentos, adivinanzas, fábulas, poesías y otras variedades textuales, tendremos la posibilidad de que nuestros niños vayan sumando aprendizaje a través del disfrute de la lectura variada. Haciendo de ella un hábito y, sobre todo, un hábito disfrutado.
Si se llegara a dar esta secuencia: lectura motivada y variada, reflexión realizada, nuevas ideas generadas, esa lectura habrá sido capaz de detonar la imaginación y convertirla en una lluvia de ideas que generen otros textos. Esos nuevos escritos no siempre tienen que conservar la estructura de aquel que le dio origen, pero sí multiplicar las ideas que como semillitas germinan en aquellos que han sido capaces de leer y comprender, no necesariamente lo que el escritor quiso en su momento transmitir, sino aquello que para él, como hábil lector, hace sentido, como resultado de un proceso individual y reflexivo.
Entonces, motivémonos como padres, psicólogos, orientadores y docentes a hacer una lectura variada y selectiva de lo que queremos que nuestros hijos desde pequeños consuman. Proporcionemos a nuestros retoños una variedad textual que les despierte el interés y disfrutemos con ellos el placer de leer.
No hay mejor aprendizaje para un sujeto en formación, que el ejemplo de sus mayores cercanos. En consecuencia, convirtámonos también en abejas deseosas de saborear la miel que trae cada texto consigo y, así, nuestros niños serán la réplica de lo que junto a nosotros han visto, escuchado y vivido. Esa es sencillamente la clave, y yo, como autora “ME CONVIERTO EN LECTURA” para darte de forma solidaria mi mano y facilitarte mi apreciado banco de textos variados. Búscalos en meconviertoenlectura.com, están a tu entera disposición.
La imagen de portada fue tomada de:Happy Vectors by Vecteezy
Hola, acabo de leer tu nueva publicación, Abeja y Miel y me gustó mucho.
Me acabo de suscribir a tu página y así convertirme en abuelita buscando tu apetecible miel.
Felicidades excelente trabajo❣
!Buenas tardes, Inove!
!Bienvenida!, es un placer tenerte dentro de la familia de lectores MCEL. El hecho de que como abuela busques la miel en los textos no solo te hará disfrutarlo a ti, sino que me haces indirectamente partícipe a mi de tu entusiasmo, gracias por escribirme. Seguro vas a lograr lo mismo al compartir estos textos con tus nietos. Modelar con el ejemplo es una probada forma de educar.
Mantener a los hijos motivados es cuesta arriba pero ha valido el esfuerzo. Gracias por su excelente artículo.
!Buenas tardes, Carlos!
Así es, requiere de esfuerzo pero es un tiempo bien invertido. Es como sembrar buenas semillas en terreno fértil, eso nos da la seguridad de una cosecha exitosa.